Written October 17. 2006 in
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Terriblemente cansada de tanto escucharme, he decidido compartir con nadie mi atribulada vida interior.
Cerraré pronto con un trozo de metal, al más puro estilo bucanero, atravesado en mi cuerpo el final de este siniestro ciclo. Ubicando, como no podía ser de otra manera, el vil metal en susodicho lado de mi anatomía. De este modo arrastraré el peso más liviano del recuerdo ya que el devenir de los acontecimientos parece ir cerrando las brechas y la bruma comienza a dispersarse del campo de batalla. Entre jirón y jirón se ven manchas de sangre, algún colgajo orgánico e incluso restos reconocibles de lo que antes era yo y actualmente es un fantasma. O al menos se comporta como tal. Aparece y desaparece sin avisar, me da sustos, hace ruidos en la oscuridad y mueve las cosas de sitio. Eso hace mi yo cuando no miro. Me tiene agotada.
Pronto el animalico tendrá su espacio, su sistema y su rutina. Mearé convenientemente las esquinas de mi casa y me sentiré más segura. Hoy vivo mi camino con la mirada fija sobre mi cogote de las rapaces, los aullidos de los lobos en la madrugada y los gritos de las hienas, que no me dejan ni comer tranquila. Pronto me sumergiré en mi burbuja y sólo tendré que salir cuando mi persona me lo pida. Qué bien.
Bueno, me dejo.
Hasta otra

como un cuervo blanco...